Los vinos de Montilla.

Los vinos de Montilla
Crianza en tinajas en la Bodega Alvear de Montilla

Los vinos de Montilla son menos conocidos que los jereces, podríamos decir que se encuentran a la sombra de éstos. Muchas veces se afirma que son lo mismo, que no presentan características definidas y eso es falso. Son vinos diferentes de los jerezanos aunque obviamente haya similitudes entre ambos. De sus características vamos a hablar en este artículo.

La Denominación Montilla-Moriles se sitúa al sur de Córdoba. Engloba los municipios de Montilla, Moriles, Montalbán, Puente Genil, Montruque, Nueva Carteya y Doña Mencía y parte de los de Montemayor, Fernán-Núñez, La Rambla, Santaella, Aguilar de la Frontera, Lucena, Cabra, Baena, Castro, del Río y Espejo. En total, son más de 9900 hectáreas de viñedos.

Pérez Barquero, la otra gran bodega de los vinos de Montilla
Pérez Barquero, la otra gran bodega de los vinos de Montilla

En Montilla hay albarizas, y al igual que en Jerez, constituyen los suelos de mejor calidad. Las variedades empleadas son la Pedro Ximénez (dominante), layrén, baladí, moscatel y torrontés.

En ambas regiones hay crisis desde hace varios años, sus vinos no están de moda para el consumidor actual debido a sus sabores peculiares y potente graduación alcohólica. El carácter español también contribuye mucho, ya que gran parte de nuestros compatriotas son los primeros en despreciarlos. Y, sin embargo, quizá sean los vinos más personales y de más calidad que España ofrece al mundo.

Los estilos de los vinos de Montilla son los mismos que en Jerez: fino, amontillado, oloroso, cream, pale cream y pedro ximénez, con la excepción del palo cortado.

A continuación estableceremos los matices diferenciales entre las dos zonas en función del tipo de vino que se trate:

Finos: Tienen una menor intensidad que en Jerez. Aromáticamente parecen más simples y con un menor predominio de la crianza biológica. En boca tienen una concentración algo más elevada, son mucho menos amargosos, rotundos y salinos. Se aprecia un menor dulzor y muchas notas amieladas. Nos agradan más que sus compadres jerezanos pero son peores vinos en general.

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Alvear es la bodega más conocida de los vinos de Montilla-Moriles

Amontillados: Hay que atribuirles también una menor intensidad que a los de Jerez. En nariz presentan unos frutos secos más destacados (avellanas), unos tostados y toques de pastelería más prominentes. Los restos de la crianza biológica están mitigados. En boca su concentración es superior a los amontillados gaditanos, al igual que su volumen, estando más integrado el alcohol. Tienen que transcurrir muchos años de crianza para que se aprecien los matices salinos y las cenizas que tan frecuentemente notamos al catar sus homónimos jerezanos.

Olorosos:  En Montilla apreciamos una mayor proximidad entre este tipo y el anterior. La razón estaría en el menor predominio de los aromas de flor en los amontillados y en la acentuación de los matices de la crianza. Su nariz es más pobre, más limitada y esto nos valdría también para los tipos anteriores. Apreciamos  menor intensidad aromática. En boca la concentración es más alta que en Jerez, son más grasos, con notas más dulces y con una salinidad menor. El alcohol suele estar bien integrado.

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En las bodegas de Montilla hay calles arboladas entre los edificios de vinificación

Pedro Ximénez: Es el vino definitorio de Montilla. Las diferencias serían pocas con Jerez. En general, parece que el alcohol está más domado, que hay una mayor redondez. Los grandes PX de esta región son una maravilla, una muestra auténtica de equilibrio dentro de lo que es un vino extremado.

Pale Cream: Es un producto destinado al mercado anglosajón y que es bastante difícil de encontrar en España. No encontramos en ellos nada de interés.

En definitiva, son vinos diferentes. No debemos olvidarnos de Montilla, bodegas como Alvear o Pérez Barquero nos ofrecen algunos de los mejores vinos que se elaboran en España y en cualquier otra parte del mundo.